Bernabé Tierno, en su libro «Conseguir el éxito» explica que es útil conocer que la autoevalución es uno de los hábitos que hay que adquirir para lograr la eficacia en los que nos proponemos. Comprendedlo, porque, sino lo hacemos así, nos será imposible establecer nuestras metas, trazar nuestros planes; es imprescindible actuar para aprender a conocernos y ayudarnos, pero la sola acción no es suficiente, ya que si no es controlada y revisada puede resultar desvirtuada, sin efectos positivos para nosotros.
Septiembre es un buen mes para producir cambios. Venimos del sol, del verano, de las vacaciones, de actitudes optimistas. Sensaciones que debemos mantener en el tiempo.
 
La autoevaluación es el examen que nos hacemos de nosotros mismos, de una forma objetiva, para detectar los progresos y las deficiencias en el desarrollo de nuestra efectividad personal, con el fin de, sirviéndonos de lo detectado, reforzar unas conductas y modificar y suprimir otras.
 
Para que la autoevaluación sea efectuada de modo correcto, la tienes que dividir en fases:
 
1. Es necesario que comprendas y valores tu pasado para poder establecer el plan de trabajo que te lleve al futuro.
2. Establece un diagnóstico de tu realidad actual. Por medio del paso anterior has llegado al conocimiento de lo que necesitas para modificar lo que te impide tu transformación personal.
3. Fija tu objetivo, que es el que va a constituir tu éxito al alcanzarlo. El éxito debe ser absolutamente personal, le has de dar forma con los moldes que encuentres en tu interior, y no siguiendo las pautas que te marcan externamente los medios publicitarios o el ambiente que hace coincidir el éxito con los logros materiales, exclusivamente.
4. De acuerdo con el objetivo proyectado, elabora una estrategia y fíjate un tiempo para alcanzarlo, teniendo en cuenta el punto 2, es decir, reconociendo de forma totalmente objetiva, sin supervalorar ni infravalorar, los recursos de que dispones en el momento presente. También debes fijar tus tiempos en el calendario y han de constituir un compromiso inaplazable en los que tú misma te vas a someter a tu autoevaluación.
5. Establece unos criterios de evaluación que han de ser personales y totalmente coherentes con el objetivo-proyecto, con el plan trazado, con las energías disponibles y con el tiempo fijado para alcanzarlo.
6. Comienza la autoevaluación propiamente dicha, que necesita de las fases anteriores y las posteriores para ser efectiva. Examina tu conducta y, en función de lo que detectes, establece el punto de tus progresos o tus deficiencias.
7. Reelabora el plan, en función de la nota que te has otorgado. Los reajustes los tienes que hacer sin miedo, teniendo en cuenta que la vida fluye y las circunstancias cambian.
Eres tú misma la que las haces cambiar al producir cambios en tu conducta. Así, aunque tu objetivo permanezca, quizá sea necesario modificar la estrategia para lograrlo.
Este hábito no es un proceso difícil pero sí requiere de un esfuerzo constante, como todo lo que es valioso en esta vida. ❤

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